Soy alumna del IES Valadares, en Vigo, y aquí publicaré un trabajo sobre Cernuda y su poesía.

viernes, 16 de marzo de 2012

Temas y técnicas de su poesía

Cernuda es el más becqueriano, romántico, sentimental y apasionado de la generación del 27. Sus obras principales son “Placeres prohibidos” y  “Donde habite el olvido”.
En “Placeres prohibidos” (1931) se nota el influjo del surrealismo en las imágenes oníricas; expresa sus problemas íntimos, derivados de su condición de homosexual, y su ansia de amor sin trabas. 
“Donde habite el olvido” (1934) (expresión tomada de un verso de Béquer) presenta una poesía intimista y austera, con escasa adjetivación y en busca de la naturalidad; expresa su desolación ante el desfase entre sus anhelos y la realidad.
En 1936 reúne toda su poesía bajo el título: “La realidad y el deseo”, palabras que recogen el conflicto central de su vida, el anhelo de realización personal y libertad amorosa frente a las limitaciones impuestas por el entorno social. Esta obra fue objeto de varias ediciones,en las que va incorporando su producción del exilio: “Las nubes“ (aborda el problema de España y la guerra desde la distancia del exilio), “Vivir sin estar viviendo” y “Con las horas contadas” (obra de nostalgia, de recuerdos, regida por la obsesión por el paso del tiempo) y “Desolación de la quimera” la última, ya póstuma, en 1962, que incorpora uno de sus poemas más famosos, el “Díptico español”.


Los temas que acostumbra a usar Cernuda son la pasión amorosa, la soledad, el hastío, la añoranza de un mundo más habitable, la exaltación de la belleza cuando es joven. Y, ya en la madurez, la nostalgia y el recuerdo de España, reflexión sobre el paso del tiempo, la vejez y la muerte, y una visión más contemplativa del amor.

La poesía cernudiana es una poesía de la meditación, y consta de cuatro etapas, según Octavio Paz: los años de aprendizaje, la juventud, la madurez y el comienzo de la vejez.
  • A la etapa inicial pertenecen las primeras poesías, publicadas en 1927 con el título de Perfil del aire —que muestran a un poeta elegante en su contemplación elegíaca del mundo— y Égloga, elegía, oda, escrito entre 1927 y 1928, que rinde homenaje a la tradición clásica a la vez que toca algunos temas muy cernudianos: amor y eros en especial.
  • Comienza el ciclo de la juventud con Un río, un amor y Los placeres prohibidos, escritos entre 1929 y 1931. Esos dos libros revelan la adhesión de Cernuda al surrealismo. Aunque el clasicista que siempre hubo en él atempera muchas veces la ruptura formal, lo esencial de esos poemarios es su espíritu de rebeldía contra el orden establecido. En Los placeres prohibidos la rebelión crece con la abierta reivindicación de la homosexualidad. Donde habite el olvido (1934) es un libro neorromántico, «superbecqueriano», que desarrolla una elegía amorosa. Invocaciones, de 1934–1935, presenta al neorromántico dilatándose en amplios poemas que celebran las glorias del mundo y exaltan la misión del poeta.
  • El período de madurez arranca con Las nubes (1940 y 1943), uno de los más bellos libros de poesía sobre la Guerra Civil, donde lo elegíaco alcanza su plenitud. Bajo el estímulo de la lírica inglesa, incluye monólogos dramáticos, como «La adoración de los magos». Prolonga tono y estilo en Como quien espera el alba (1947). Obsesionado con sus recuerdos sevillanos, elabora en prosa Ocnos (1ª ed. en 1942, luego ampliada: 1949 y 1963), esencial para entender su mitología del Edén perdido.
  • En México se desarrolla su última etapa. Allí compondría Variaciones sobre tema mexicano (1952), Vivir sin estar viviendo (1944–1949) y Con las horas contadas, de 1950–1956, que en ediciones posteriores incorporará Poemas para un cuerpo (Málaga, 1957). Es perceptible la sustitución de la anterior musicalidad elegante, garcilasiana, por un ritmo seco, duro, y por la renuncia a toda ornamentación en favor del concepto. Este estilo alcanza su plenitud en Desolación de la Quimera (1962).

  • La función del poeta en la obra de Luis Cernuda entronca perfectamente con la tradición romántica, según la cual el artista aparece como un ser solitario dotado de un don sobrenatural que le permite ver y expresar lo que otros no pueden. En esta línea, Cernuda se nos presenta como un integrante de una tradición que arranca con los románticos, sobre todo con los alemanes como Hölderlin, Novalis o Heinrich Heine y que en España representa la figura de otro sevillano, Gustavo Adolfo Bécquer. El poeta es, por tanto, un «elegido», bien sea por Dios o por el Demonio. Es un ser maldito, marginado por la sociedad, hecho del que deriva su soledad total. En el caso de Cernuda, esa condición de maldito, de diferente, viene reforzada por su forma distinta de entender el amor. Su homosexualidad choca frontalmente con los usos y las normas propias de la sociedad burguesa a la que pertenece y en la que vive. Como consecuencia del sentimiento de la diferencia, la actitud del poeta sevillano frente al mundo se definirá por la rebeldía y por el sentimiento de frustración provocado por el choque constante entre la realidad que vive y el deseo de vivir, de amar, de forma diferente.






Influencias a lo largo de su vida


A lo largo de su vida Cernuda tiene influencia de múltiples poetas, el más destacable, y el que caracteriza su poesía sería Bécquer. Además también en los poemas de la juventud, mientras estaba en Francia, leía con asiduidad a los poetas franceses: Breton, Eluard.
André Breton

Paul Eluard

Ya más tarde, cuando publica “Donde habite el olvido” la poesía de Hölderlin es su modelo cuando nos presenta al poeta frente a la hostilidad del mundo y la figura del diablo (no en sentido cristiano sino como encarnación de la beldad juvenil y de la rebeldía moral) la toma también del poeta alemán. Aprecia y gusta de la compañía de los poetas muertos. Cernuda lee además a Jean-Paul, Novalis, Blake, Coleridge, y los proclama miembros de su familia y siente hacia ellos como un eterno reconocimiento. Terminará este largo recorrido en los grandes mitos del Occidente cristiano sin dejar, sin embargo, de ser romántico. Solamente el conocimiento de T. S. Eliot terminará moderando sus impulsos románticos cuando Cernuda llegue ya a la madurez.

Hölderlin

Tal como sugirió T. S. Eliot, al traspasar los límites de cierta edad a un poeta se le ofrecen tres salidas: la autorrepetición (acompañada normalmente por un sucesivo incremento del virtuosismo), el silencio o la tentativa de readaptar su poesía a un nuevo estado de conciencia. Las nubes corresponde a ese nuevo estado de conciencia, determinado por dos hechos: el exilio y la entrada en la madurez vital, tal como podemos leer en los versos iniciales de Elegía española II ("Ya la distancia entre los dos abierta") y de La visita de Dios ("Pasada se halla ahora la mitad de mi vida"). Sus lecturas estuvieron centradas en poetas románticos y victorianos del siglo XIX, tales como Wordsworth, Coleridge, Keats, Browning y un heredero de dicha tradición en el siglo XX: Eliot. Más tarde se añadirían otras áreas de atracción, como la de los poetas isabelinos, y ya mucho más avanzada su carrera, Yeats.
Coleridge

 T. S. Eliot

Yeats

En 1958 publica Historial de un libro, su propio análisis de su poesía, que se ha convertido en la clave principal para entender la obra poética cernudiana. El Cernuda poeta deja paso aquí al Cernuda crítico literario y ofrece una disección muy inteligente, fría y distanciada de la evolución de su estilo y de los rasgos más sobresalientes de su forma de entender la labor del poeta.

Influencia de la poesía de Cernuda posteriormente


  • Si analizamos la recepción de la realidad y el deseo en la España posterior a 1939 con especial atención a la manera en que los autores de la Generación del 50 dejan constancia de su admiración por Cernuda en sus trabajos críticos y en sus poemas homenaje vemos también el empleo intertextual de sus versos, y se muestra la relación que establecen con Cernuda en cuanto a ideas poéticas, desarrollo de géneros y tratamiento de temas y otros rasgos de estilo. Todo ello pone de manifiesto como la obra de Cernuda configura un tono lírico que ha sido profusamente imitado en la poesía española de posguerra.Si analizamos la recepción de la realidad y el deseo en la España posterior a 1939 con especial atención a la manera en que los autores de la Generación del 50 dejan constancia de su admiración por Cernuda en sus trabajos críticos y en sus poemas homenaje vemos también el empleo intertextual de sus versos, y se muestra la relación que establecen con Cernuda en cuanto a ideas poéticas, desarrollo de géneros y tratamiento de temas y otros rasgos de estilo. Todo ello pone de manifiesto como la obra de Cernuda configura un tono lírico que ha sido profusamente imitado en la poesía española de posguerra.
  • Juan Goytisolo afirma en “Homenaje a Luis Cernuda” que el poeta, muerto en México para 1963, es “el poeta español más actual de la brillante generación surgida en los alrededores de 1925”. Son las mismas afirmaciones que podemos encontrar tanto de Jaime Gil de Biedma como de Carlos Monsiváis. El primero, en los ensayos que le dedica: “Luis Cernuda y la expresión poética en prosa” y “El ejemplo de Luis Cernuda”; el otro, en aquel texto que prologa Variaciones sobre lo mexicano/desolación de la quimera(CONACULTA, 1990), de Luis Cernuda. 
  • A ellos se suma Jaime Gil de Biedma. Para éste, Cernuda es el poeta inteligente y culto; lo define como aquél que busca una tradición para interpretarla y para reaccionar ante ella. Así es como se puede explicar la influencia de Cernuda en las letras hispánicas, porque es un poeta preocupado por la profundidad, “mucho más consciente, mucho más despiadado” que busca en su tradición; busca “unos maestros a imagen y semejanza de los versos que se intentan hacer; busca ser un puente hacia el pasado. Cernuda, continúa Gil de Biedma, “no sólo influye profundamente, de verdad, enseña”.